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HEMEROTECA- Tomo III
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NOVIEMBRE 1975 – Año IV – Núm. 36

 

HERMETISMO

¿QUE ES LA ALQUIMIA?

 

En la actualidad, las librerías españolas ofrecen ya al estudioso de estos temas, un número de obras dedicadas a la Alquimia, que empieza a ser bastante considerable. Si añadimos a esto los artículos acerca del Arte de Hermes que han ido apareciendo, principalmente en Karma-7 y en alguna otra revista, todo ello empieza a constituir indudablemente una cierta riqueza informativa. Pero, aunque esta información todavía no sea tan importante como quisiéramos, inevitablemente comienza a producirse ya un principio de confusión. Estamos acostumbrados, en efecto, a que se hable y se escriba de Alquimia, como si sólo hubiese una Alquimia.

 

Cuando lo cierto, es que, aún utilizando un lenguaje casi idéntico, dos autores pueden estar refiriéndose a cosas totalmente diferentes. Anotemos, como simple ejemplo, que el término ‘‘sublimación’’ puede aludir a cuestiones absolutamente distintas, según se trate de la operación químico-espagírica, del proceso alquímico o del punto de vista psico-analítico.

 


Creo que es muy conveniente, y si se me apura un poco hasta imprescindible, el que tratemos de ir clarificando este panorama de la incipiente, y ya algo extensa literatura alquímica disponible en nuestro país. Estimo que ello podrá contribuir a que aquel que se inicia por estos intrincados vericuetos, tenga cuanto antes una visión panorámica del terreno por el que va a adentrarse. Lo que seguramente podrá evitar el que se encamine por alguna senda que en realidad no le pueda llevar a donde él quisiera. O a tener que desandar caminos equivocados, o incluso a correr el riesgo de extraviarse en una selvática serie de conclusiones erróneas.
Tratemos, antes que nadie, de definir ‘‘qué es la Alquimia’’.

 


Para una primera aproximación a esta cuestión podemos tomar, sólo a título orientativo, la definición que nos ofrece el diccionario de la Lengua Española para el que la Alquimia ‘‘es un Arte con que se pretendía hallar la piedra filosofal y la panacea universal’’.

 


Como puede apreciarse fácilmente, la definición oficial es de lo más despectiva (‘‘… con que se pretendía’’…), limitada y errónea.
En primer lugar, cualquier persona que empiece a estudiar seriamente el tema, sin aferrarse tercamente a ideas preconcebidas, pronto llega al convencimiento de la existencia real de la Piedra Filosofal. En segundo lugar, esa Piedra no constituye en sí misma el objetivo supremo de la Alquimia. Ni siquiera de la Alquimia Operativa, que es la más concretamente encaminada en esa dirección y constituye una de las ramas de la Alquimia en general, como veremos más adelante. Tampoco se puede hablar de ‘‘panacea’’, que proviene del griego, ya señala por sí mismo a un medicamento capaz de curar todas las enfermedades. Pero cuando los alquimistas hablan de su ‘‘medicina universal’’ y la ‘‘panacea’’, se hallan implícitas en la propia Piedra Filosofal.

 


Bien. Tras de la primera aproximación ‘‘a lo que no es’’ la Alquimia, haremos un acercamiento a lo que realmente es.
Señalemos en primer lugar y en términos generales, que la Alquimia constituye una aplicación concreta de la llamada Filosofía Hermética. De ahí que los alquimistas, a los que se suele designar con diversos epítetos (1), sean sobre todo Filósofos Herméticos.

 


Realmente existe una sola Alquimia. Pero, a efectos metodológicos conviene desglosarla en ‘‘cinco ramas’’. No de un modo arbitrario y caprichoso, sino precisamente en las cinco ramificaciones en las que de hecho se ha conformado históricamente la Alquimia y que vienen a ser como derivaciones particulares o especializaciones de la misma. No se trata, claro está, de cinco compartimentos estancos, incomunicados entre sí y totalmente diferentes. Sino que, utilizando un símil vivo, podríamos esquematizar estas subdivisiones en forma de un Gran Arbol, teniendo en cuenta que la ‘‘savia’’ que alimenta a todas las ulteriores ramas sigue proviniendo del tronco de la Ciencia Hermética. Y que el ‘‘jugo esencial’’ de esa ‘‘savia’’ continúa perteneciendo a la Filosofía Hermética. Por otra parte, aunque cada rama concreta se desarrolla en su dirección propia y da sus particulares frutos, la ramificación es tan amplia y entrecruzada que se dan en la realidad numerosos puntos de contacto e intercambio de esencias. Esencias que, todo hay que decirlo, se pierden ya en las finales ‘‘ramas profanas’’, atentas única y exclusivamente a la maduración de frutos de inmediato y prosaico consumo.

 


Sería interesante extenderse sobre las posibles ‘‘raíces’’ de este Gran Arbol Sagrado, de esta verdadera imagen del Arbol de la Ciencia. Pero este es ya otro problema y no vamos a hacer aquí sino solamente esbozarlo.

 


Volviendo a la subdivisión de la Alquimia, señalaremos ya los cinco grandes apartados en los que conviene trazarla:
1) La Filosofía Hermética.
2) La Física Hermética.
3) La Alquimia Operativa.
4) La Alquimia Mística.
5) Ars Magna.
Veamos con algún detenimiento cada una de estas ramas.

 

 

 

1) LA FILOSOFIA HERMETICA

La Filosofía Hermética está constituida por los elementos esenciales, abstractos o filosóficos de la Alquimia. Aunque prácticamente no ha tenido una existencia autónoma definida, se halla en el nervio central, en la médula de todo tratado, de toda enseñanza alquímica y constituye su base y fundamento. Claro que, por una parte, estos aspectos filosóficos, especulativos, se han acusado especialmente, o se han acentuado, en la ulterior rama de la Alquimia Mística. Pero se hallan también, aunque de modo mucho más escueto, en la rama de la Alquimia Operativa. Y sin duda puede comprobarse su fundamental influjo en los orígenes de las que llamamos ‘‘Filosofías Profanas’’, que constituyen lo que usualmente se conoce como Filosofía a secas.

 

APLICACIÓN DE LA FILOSOFIA HERMETICA

 

 


Esta Filosofía Hermética, o Filosofía Sagrada, vendría a ser ‘‘la Filosofía por excelencia’’. Según la Tradición, habría sido revelada a los hombres por el dios Hermes, el Thot egipcio, y de ahí la denominación de esta Sabiduría como ‘‘hermética’’. Es muy probable que estas enseñanzas esotéricas sean sencillamente los restos de una antiquísima Ciencia, posiblemente transmitida a los antiguos egipcios por los míticos atlantes y de la cual habrían sido depositarios los sacerdotes del Egipto faraónico (2). Cabe así imaginar a una ‘‘supercivilización’’ que hace muchísimos milenios habría llegado a alcanzar un nivel de desarrollo científico muy superior aún al que nosotros tenemos actualmente. Quizás podamos pensar que han existido ‘‘otras humanidades’’ anteriores a la nuestra actual. O bien que el propio Egipto protodinástico, o una cultura inmediatamente precedente, hayan recibido directamente de ‘‘los’’ Elohim el fabuloso obsequio de esta Sabiduría (3).

 


Sea cual fuere su verdadero origen, esta Filosofía Hermética, sagrada, nos habría sido dada, en cierto modo, por alguien que nos trasciende totalmente, que se halla ‘‘fuera de nuestro mundo’’ y que, de uno u otro modo, nos observa y se preocupa por nuestro destino. Claro que esta es la opinión, digamos ‘‘tradicional’’, acerca de los oscuros orígenes de la Alquimia. Pero tenemos también la opinión ‘‘oficial’’ o ‘‘científica’’, compartida por algunos historiadores e investigadores de estos temas, como por ejemplo Lucien Gérardin que en su obra La Alquimia (4), dice taxativamente que ‘‘la alquimia nació en el s. iii antes de nuestra era, como síntesis genial de las experiencias de los primeros tecnólogos y de la filosofía griega, heredera de la cosmología griega, heredera de la cosmología babilónica y persa’’. No es esta ocasión para discutir estos diferentes puntos de vista sobre los remotos orígenes de la Alquimia. Quizás en otra ocasión volvamos sobre ello.

 


Digamos ahora, en definitiva, que esta Filosofía Hermética explicaría la naturaleza, el origen y la razón de ser de todo lo existente. Así como el origen concreto y el futuro del universo entero.

 


Seguramente que en esta ‘‘doctrina secreta’’ tradicional se hallaban comprendidos ya, en sus postulados fundamentales al menos, todos los aspectos de la Alquimia. Aunque parece razonable pensar que aquellas esenciales ‘‘ecuaciones trascendentales’’ (5), hayan sido, entonces y después, desarrolladas en sus aspectos no estrictamente filosóficos, sino ya científicos, por la Ciencia Hermética.

 

 

 

2) LA FISICA HERMETICA

La ciencia Hermética comprendía, según la Tradición, además de la rama alquímica, las de la Magia y la Astrología. Pero si detallamos un poco más esto, habría que agregar realmente también las ramas de la Medicina Hermética, de la Geometria Hermética, de la Ciencia Sagrada de los Números o Aritmosofía, de la Arquitectura Sagrada y del Tarot. Seguramente en otra ocasión trataremos con cierto detalle de estos otros aspectos.

 


La Física Hermética, que es la rama alquímica que ahora nos interesa, vendría a ser la parcela de la Filosofía Hermética constituida por lo que hoy denominaríamos ‘‘teorías científicas’’ sobre la constitución de la materia. Constituye realmente la base inmediata de la Alquimia Operativa, que trabaja con sustancias físicas concretas. Pero, dado que su lenguaje simbólico o alegórico puede ser de hecho llevado, en el plano analógico, al terreno de la mística o de las consideraciones de índole puramente espiritual, también constituye indirectamente la base de la ulterior Alquimia Mística.

 

 

 

3) LA ALQUIMIA OPERATIVA

La Alquimia Operativa, o Arte Hermético, sería propiamente la parte técnica, resultado de la aplicación de las enseñanzas teóricas de los dos aspectos anteriores: es decir, de la Filosofía Hermética, a través de la Física Hermética. Su finalidad última era la transmutación del propio alquimista a través de una serie de trabajos manuales, de laboratorio, dentro de lo que algunos denominamos ‘‘otra química’’ y que realmente se trata de una Química Trascendental (6). Que desembocarían finalmente en la obtención de la fabulosa Piedra Filosofal. Con el objeto supremo del ‘‘oro potable’’ o ‘‘elixir de larga vida’’, medicamento prodigioso que, por una acción radical en las estructuras internas de las células vivas, en especial del cerebro, llevaría a efecto la ‘‘transmutación’’ total biológica del Adepto, psicológicamente preparado para ello por la larga y paciente búsqueda, con la ascesis, vida meditativa y austera, repetición ritual, etcétera, de las interminables operaciones alquímicas de la Gran Obra.

 


Precisemos aquí que en este Arte Hermético, la transmutación metálica, con la obtención de oro (crisopea), o plata (argiropea), a partir de los llamados ‘‘metales nobles’’ (plomo estaño, mercurio…), no es en modo alguno el objetivo final del proceso, sino solamente una de las etapas finales del Magisterio, con finalidades verificatorias definitivas, en unas pruebas que hoy denominaríamos ‘‘test’’ de eficacia y comprobación final.

 

 

 

4) LA ALQUIMIA MISTICA

El llamado Arte Real, que surgió a modo de síntesis de los aspectos transmutatorios físico-espirituales en el siglo xvii, como resultado de unas derivaciones que se venían forjando desde bastante atrás, acabó por llegar a un predominio absoluto de estos últimos aspectos místico-espirituales. La Alquimia Mística, Mística Hermética o Alquimia Especulativa (7), también tiene por finalidad suprema la transmutación del propio alquimista en un ‘‘hombre nuevo’’. Pero en sentido figurado elevando gradualmente al adepto hacia las cimas de la Belleza, la Verdad y el Bien. Conduciendo al Alquimista a su salvación, a través del Conocimiento. Se trata por lo tanto, en cierto modo, de unas disciplinas espirituales estrechamente emparentadas con otras técnicas de ‘‘realización interior’’, como puedan ser el Yoga, el Tantrismo, el Taoísmo… o las formas más evolucionadas del Budismo como el Ch’an y el Zen.

 

 

 

5) LA ALQUIMIA TRASCENDENTAL

La Alquimia Trascendental, Ars Magna o Gran Arte de Hermes, vendría a constituir la concepción más grandiosa de la Alquimia, como una especie de síntesis de todos los demás aspectos, en una impresionante unificación sincrética de aspectos religiosos (místicos y teosóficos), filosóficos, científicos y prácticos. Aunque sí parece haber existido alguna tentativa en este sentido, esta rama aparece probablemente como la menos definida de todas, ya que las dificultades que presenta son enormes.

 


El autor opina que el núcleo central de la Alquimia está constituido por la Alquimia Operativa. Que se basa, repetimos, en la Física Hermética y cuyos postulados esenciales provienen de la Filosofía Hermética que se halla en la base, tanto como en la médula de todo el desarrollo alquímico. De aquellos contenidos teóricos fundamentales terminó por derivarse una técnica operacional concretada en esa ‘‘otra química’’ esotérica. Técnica que indudablemente ha ido siendo modificada a lo largo de los siglos, por las aportaciones de alquimistas geniales. Aunque, no lo olvidemos, permaneciendo inalterables los principios básicos de todo el proceso. Por otra parte, todo el Magisterio hermético, todo el conjunto de manipulaciones extrañas en torno al Atanor y al Huevo de los Filósofos ha estado siempre imbuido por unos elevados conceptos espirituales, religiosos y hasta místicos. Ahora bien, es tardíamente, ya en los siglos xvii y xviii, y principalmente a partir de algunos francmasones estudiosos de la Alquimia pero incapaces, al parecer, de desarrollar realmente aquellos enigmáticos procedimientos técnicos, cuando aparece en definitiva la rama Mística de la Alquimia, en un intento, válido por otra parte, claro está, de transposición de toda la terminología y simbología alquímica, a una única significación puramente teórica, de índole espiritual y religiosa y de corte teosófico. Claro que el nacimiento de esta Alquimia Mística no fue súbito ni por generación espontánea, sino que realmente se venía incubando desde unos siglos atrás, por la gradual acentuación que algunos venían haciendo de esos aspectos no-materiales, en detrimento de los meramente físicos, como ya hemos apuntado antes.

 


Vista esta clasificación de la Alquimia en esos cinco aspectos o ‘‘ramas’’ diferentes, aunque relacionadas entre sí, y que creo puede contribuir grandemente a poner algo de orden y claridad en este panorama alquímico nuestro, ya peligrosamente caótico, será conveniente seguramente incluir una pequeña relación bibliográfica que, sin pretender ser exhaustiva, pueda servir de orientación al amigo lector que se inicia en estos apasionantes estudios.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA ALQUIMICA DISPONIBLE

 

El misterio de las catedrales y Las Moradas filosofales, de Fulcanelli. Editorial Plaza y Janés, S.A.
Alquimia, de E. J. Holmyard. Ediciones Redecilla, Barcelona.
La prodigiosa historia de la alquimia, de E. J. Holmyard. Guadiana de Publicaciones, Madrid. (Otra versión y edición de la misma obra anteriormente indicada).
La alquimia, de Reinhard Federman. Editorial Bruguera, S.A.
La magia de la alquimia, de J. Lizondo. Ediciones Telstar, Barcelona.
El tesoro de los alquimistas, de Jacques Sadoul. Plaza y Janés, S.A.
Alquimia, de Titus Burckhardt. Plaza y Janés, S.A.
El gran arte de la alquimia, de Jacques Sadoul. Plaza y Janés, S.A.
La alquimia, ¿superconciencia extraterrestre?, de Jacques Carles y Michel Granger. Plaza y Janés, S.A.
La piedra filosofal, de Georges Ranque. Plaza y Janés, S.A.
La alquimia, de Lucien Gérardin. Ediciones Martínez Roca, S.A., Barcelona.
La alquimia, de Serge Hutín. Editorial Universitaria de Buenos Aires.
Herreros y alquimistas, de Mircea Eliade. Taurus Ediciones, S.A., Madrid.
Alquimia y ocultismo, Selección de textos alquímicos y ocultistas antiguos, por Víctor Zalbidea y otros. Barral Editores, Barcelona.

 

 

Aparte la obra de T. Burckhardt, que es netamente Alquímico-Mística, las demás abordan la Alquimia de un modo más o menos amplio desarrollando algunos de estos libros la Historia del Arte Hermético, detallando las biografías de sus principales adeptos, revelando más o menos certeramente los principios básicos de la Filosofía y de la Física Herméticas, así como aspectos, siempre velados e incompletos, de la técnica operatoria de la Gran Obra. Lea y relea atentamente el amigo lector estas obras, que van desde alguna muy elemental, hasta otras francamente importantes, y sin duda podrá ir desglosando él mismo los aspectos que pertenecen a una u otra de las ‘‘ramas’’ que hemos indicado para el estudio global de la Alquimia. Ciertamente hay otra cuestión importante; la que se refiere a los ‘‘sopladores’’, a los ‘‘espagiristas’’, a los ‘‘arquimistas’’, a los ‘‘fraguadores’’ y a los ‘‘hiperquímicos’’… artesanos que no debemos confundir con los auténticos alquimistas y que en muchos aspectos de éstas y otras obras aparecen confundidos. Pero esto es ya tema para otro artículo, sin duda, puesto que no sólo hay que hablar de personas, sino de utensilios y procedimientos y ello requiere cierta extensión.

 

E. MICHELENA

1. Alquimista, Hijo de Hermes, Mono de la Creación, imitador de la Naturaleza, Cofrade de la Madre Loca, Enfant de la Science, Adepto, agricultor Celeste, Artista, Sabio, Aquel que ha recibido el Don de Dios, Filósofo, Filósofo Hermético.
2. Repásese, por favor; lo dicho en anteriores artículos acerca del importantísimo centro de la enseñanza esotérica de la Tradición, que fue el Gran Templo Solar de On (Heliópolis), en el antiguo Egipto.
3. Repásese también lo dicho en el artículo de Hermetismo del nº 26 de Karma-7 (enero 1975) sobre la figura legendaria de Hermes-Thot.
4. Colección ‘‘La Otra Ciencia’’. Ediciones Martínez Roca, S.A., Barcelona, 1975, pág. 12.
5. De ahí que ésta sea una filosofía ‘‘sagrada’’ y se diferencie radicalmente de la filosofía usual, que llamamos ‘‘profana’’.
6. Si a esta ‘‘otra química’’, que es una Química Sagrada, la despojamos de sus factores trascendentales, que la conectan con los aspectos psicológicos y espirituales del ser humano, así como con la problemática religiosa amplia y profundamente entendida, se nos queda en las facetas simplemente tecnológicas de lo que algunos investigadores de la alquimia, principalmente franceses, denominan ‘‘hiperquímica’’.
7. Sin que este término tenga aquí el carácter peyorativo de las ‘‘vanas especulaciones’’ o ‘‘elucubraciones sin sentido’’, sino simplemente como indicativo de Alquimia Teórica, en el sentido de que no manipula objetos tangibles, físicos.

 


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