En la lamparilla depositaremos unas gotas de perfume y un pellizco de popurri de flores y lo dejaremos quemar, mientras el aroma se expande recitaremos en voz alta:
Señor, te ruego tengas a bien protegerme y me libres de la envidia y los celos, de la mentira y la calumnia, de quien tanto mal me desea, con la perversa intención de perjudicarme y anularme.
Mucho puede favorecerme si me mira con ojos de amigo y mucho puede perjudicarme si lo hace con ojos de enemigo.
Si me han perjudicado con la envidia, que ésta se extinga en el mismo instante tal y como yo ahora enciendo esta vela (se enciende la primera de las velas color naranja). Si el perjuicio me llega de los celos, que éstos sucumban en el mismo instante, tal y como yo ahora enciendo esta vela (se enciende la segunda vela).
Si el receso y el abatimiento me llega por boca del mal intencionado, que se silencie su boca; y si el daño me proviene por causa de una inadversión injustificada, que se apague ese rencor contra mí en el mismo instante, tal y como ahora yo purifico este talismán protector (pasar el talismán por encima de la lamparilla y seguidamente meterlo en la bolsita junto con un pellizco de popurri de flores).
Repetir siete veces esta última invocación y dejar encendidas las velas hasta que se extingan.