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ENTREVISTA A GUSTAVO PICAZO

Por Emmain

 

 

Kairos Zen es el nombre que un Doctor en Filosofía ha dado a su libro, en un esfuerzo por transmitir de manera clara y útil las claves de su hallazgo. A día de hoy combina sus clases en la universidad con esta faceta generosa y agradecida de observar y actuar. Responde a nuestras preguntas amable y cercano, añadiendo más valor si cabe a lo que son palabras y también hechos..

 

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¿Quién es Gustavo Picazo?
Yo soy un profesor de Filosofía, que en esta obra transmite algo que ha aprendido fuera de las aulas, y fuera de los libros académicos

 

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En su libro se habla de experiencias vitales duras. ¿Qué puede contar?
Lo más interesante que puedo contar, a este respecto, es la revelación que supuso para mí, pasados ya los cuarenta años de edad, aprender la filosofía de la vida que describo en estas páginas. Gracias a esa filosofía encontré una forma de afrontar mis propias experiencias, tanto las duras como las menos duras, de una manera infinitamente más capacitante, y más tranquilizadora, de lo que nunca hubiera podido imaginar.

 



¿De dónde nace la necesidad de escribir Kairos Zen?
Después de aprender la filosofía de la vida que cuento en este libro, estuve buscando durante un tiempo otras obras ya publicadas en las que se reflejara lo que yo había aprendido. Al no encontrarlas, sentí la necesidad de escribir el libro yo mismo.

 



 Contemplación y acción deberían estar vinculadas siempre. ¿Por qué se nos escapa algo tan simple?
No creo que contemplación y acción ‘‘deban’’ estar vinculadas, pero sí creo que la vinculación (y la alternancia) entre esas dos facetas de nuestra vida puede resultar de gran ayuda. A mí es algo que me ha ayudado mucho, y me ayuda cada día. Efectivamente, es fácil pasar por alto una estrategia tan ‘‘simple’’, y tan poderosa, si nunca te has parado a practicarla y a experimentar sus efectos.

 



Resulta interesante que un filósofo hable de las sensaciones corporales y de tomar conciencia... La tradición judeocristiana ha despreciado a los sentidos. ¿Debemos rescatarlos?
No sé si es por influencia de la tradición judeocristiana, o por razones más profundas, pero el intento de hacer fuerza sobre nuestras emociones (queriendo suprimir unas y realzar otras) es casi omnipresente en nuestra cultura actual, al menos en España. Frases como ‘‘no llores’’, ‘‘no tengas miedo’’, o ‘‘hay que estar alegre’’, se repiten a nuestro alrededor una y otra vez. En cambio, es mucho más difícil encontrar a alguien que te diga ‘‘puedes llorar’’, ‘‘puedes tener miedo’’, o ‘‘no tienes por qué estar alegre todo el tiempo’’. Sin embargo, estas últimas frases provocan, al menos en algunas personas, un efecto liberador.

 



¿Y las relaciones personales?
Las relaciones personales son una parte muy importante de la vida, incluyendo la relación que una persona mantiene consigo misma (por ejemplo, cómo yo hablo de mí mismo ante otras personas, o qué me digo a mí mismo acerca de mi propia persona). Atender a esta faceta de mi vida, bajo el ideal del respeto, puede ser una forma de cuidarme, y de ayudarme a estar más en paz conmigo.

 



¿La incomodidad con otras personas no puede tener que ver con el reflejo que suponen de nosotros?
Es posible, pero no creo que sea de gran ayuda enfocar la atención hacia esa cuestión en concreto. Desde el punto de vista del kairos zen, hay otras herramientas, o estrategias, que pueden ser más útiles a la hora de manejar una situación de dificultad en mi relación con otra persona. Así, por ejemplo, puedo partir de la base de que no tengo la obligación de tener una relación con esa persona, sea quien sea, si yo no quiero. También puedo proponerme prestar más atención a los detalles de mi relación con esa persona, para encontrar, por ejemplo, dónde están exactamente las faltas de respeto, y dónde podría empezar a poner límites.

 


 ¿Perder ciertas relaciones no es perder oportunidades de incorporar lecciones?
No, yo no lo veo así. En el kairos zen se conciben las relaciones personales desde un ideal de horizontalidad, en el que ninguna de las dos personas se sitúa por encima de la otra. No hay, pues, una persona que ‘‘da lecciones’’ a otra. Es la vida misma la que la nos da lecciones, o nos permite aprender, continuamente, de todo lo que nos pasa. A veces, la mejor lección que puedo sacar de una relación que no está construida desde el respeto es mi capacidad de poner límites a esa relación, incluso de cortarla del todo.

 

 

imagen¿Qué nos hace humanos a los humanos?
No lo sé. Lo que sí he comprobado, en mí mismo y en otras personas, es cómo la práctica de la meditación supone una gran ayuda para sentirme más en paz conmigo, y más en armonía con el mundo que me rodea.

 



¿Por qué filosofía?
Yo diría: ‘‘filosofía sí, si viene para ayudar, y si supone una ayuda real’’. Exactamente igual que con cualquier otra disciplina académica, o con cualquier otra fuente de conocimiento. 

 

 

 



Estudiar en una de las instituciones educativas más prestigiosas del
mundo, ¿da alas o lastra?

Mi formación universitaria me ha ayudado a escribir este libro, sin duda. Y en ese sentido, las diferentes universidades en las que he estado (tanto las que son más ‘‘competitivas’’, por parámetros internacionales, como las que lo son menos), han contribuido a mi formación. Pero lo que yo cuento en este libro no lo aprendí en ninguna universidad, sino de la mano de un psicólogo clínico de Murcia, Antonio García Atenza, discípulo del maestro zen Willigis Jäger.

 


¿Qué es lo que más valora de su estancia en Londres?
No lo sé, hace muchos años de eso (la última vez que estuve allí fue en 1997). Lo que más valoro de mi vida es el momento actual, la cotidianidad del día a día en sus distintas facetas: familia, trabajo, ocio, tareas de casa, cuidado personal... Ir construyendo mi día a día, respirando, poco a poco, una tarea tras otra, un momento tras otro...

 



¿Recuerda aquel libro de Más Platón y menos Prozac? En su caso no hubo bastante con Platón ni sus colegas...
Platón aparece mencionado en este libro, pero también Buda, que vivió sobre un siglo antes, a 6.000 kilómetros de Atenas. Gran parte de las enseñanzas del libro provienen del pensamiento oriental, sin ninguna duda.

 

 

 Pero sí que reivindica un concepto griego como uno de los pilares de su libro...
Sí. De hecho, he elegido un nombre híbrido, con el fin de darle identidad propia a esta propuesta: por una parte, el término kairos, del griego clásico, que significa ‘‘el momento oportuno’’; y por otra parte, la palabra japonesa zen, asociada a la práctica meditativa. Uno de los objetivos del libro es, precisamente, el de combinar la enseñanza meditativa oriental con los estándares de rigor de la racionalidad occidental.

 


¿Más terapeutas y menos textos y pastillas?
No lo sé. ¿Más meditación, quizá...?

 


¿Cómo llegó a su maestro?
Llegué a mi maestro buscando ayuda psicológica. Hubo una persona, en mi búsqueda de ayuda, que me dirigió a él.

 


 ¿Existe la casualidad?
Existe la incertidumbre. Hay muchos aspectos de la vida sobre los que yo no tengo control, y en los que no sé cómo van a salir las cosas. A veces las cosas suceden como a mí me gusta, y otras no. Hay algunas cosas que dependen de mí, y hay otras muchas que no dependen de mí, o que no dependen sólo de mí. Una forma de manejarme en esa incertidumbre es hacer, en cada caso, lo que razonablemente puedo hacer por mi parte. Siendo consciente de que es posible que no obtenga el resultado deseado, pero sintiendo al menos que estoy en marcha respecto a mis objetivos. Es decir, sintiendo que estoy vivo, o que estoy viva, sintiendo que estoy siguiendo el camino que yo quiero seguir, dentro de la incertidumbre que me rodea.

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‘‘Yo diría que el motor del cambio en la vida de una persona está en ella misma’’


¿Tenemos que mirar siempre a Oriente para sumergirnos en lo esencial?
Yo no diría ‘‘tenemos que’’. No hay nada que ‘‘tengamos que hacer’’, según la filosofía de la vida que se describe en este libro. Algunas de las enseñanzas que provienen de la filosofía oriental pueden ser muy enriquecedoras, por supuesto, pero sólo si las acojo con libertad, juzgando por mí mismo, o por mí misma. No como una obligación, ni como una imposición.

 



¿Ha sido muy difícil salir del corsé de la academia para hacerse entender por el gran público?
No me ha costado mucho trabajo dejar de lado el lenguaje académico, porque la sustancia de esta filosofía llama ya, ella misma, a ser expuesta en un lenguaje llano, como en una conversación de tú a tú. Respecto a si he conseguido que el libro sea accesible al gran público, no lo sé, el tiempo lo dirá.

 


¿En su entorno profesional y personal cómo está repercutiendo la publicación del libro?
Bueno, he recibido algunas felicitaciones, lo típico en estos casos. Pero me interesa más la repercusión que el libro pueda tener en el público en general, es decir, en las personas que no me conocen.

 


¿Un libro puede cambiar una vida?
No lo sé. Yo diría que el motor del cambio en la vida de una persona está en ella misma. Quizá la lectura de un libro puede actuar como detonante del cambio, pero el verdadero motor del cambio no es el libro, sino la persona que lo lee. Por decirlo metafóricamente, cuando yo tengo un libro en mis manos, no es el libro quien me tiene a mí, sino soy yo quien tengo al libro. Tengo al libro en mis manos, pero tengo algo más importante en mis manos, y es mi propia vida. Soy yo quien decido que ha llegado el momento de cambiar, o de empezar a cambiar, en aras de mejorar mi vida.

 


 ¿Qué tres libros recomendaría?
No recomendaría ningún libro, ni siquiera el mío. En todo caso, recomendaría que la persona que lea un libro, cualquiera que sea, lo haga con cierta distancia, tomando conciencia de aquellas cosas del libro que no le gustan, que no entiende, o que no le terminan de convencer.

 


 ¿Qué consejo daría a los lectores de Karma?

Ninguno. No doy consejos. Los consejos no tienen cabida en la filosofía de vida kairos zen. Cuando las relaciones personales se conciben desde el plano horizontal, el consejo no tiene mucho lugar, porque nadie se sitúa por encima de nadie. Nadie está en disposición de aconsejar a otra persona lo que tiene que hacer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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