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ENTREVISTA A ANTONIO BOLINCHES

Por Emmain

 

 

Antonio Bolinches es sexólogo y escritor, y en ambas profesiones ha desarrollado un largo y exitoso recorrido. También es el alma mater del instituto psicológico que lleva su nombre. Con abundantes apariciones en televisión, siempre destaca por la lucidez y naturalidad con las que abarca las relaciones sentimentales y la dimensión sexual y afectiva que tanto nos condiciona. Es un hombre inteligente, amable y cercano que sin duda ha explorado el alma humana y gusta de guiar a sus congéneres. Cualquiera de sus libros es recomendable, pero en Karma nos hemos centrado en los que hablan del amor en general, aunque su última publicación, Amor al segundo intento, está conquistando los primeros puestos. valientes.

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Explica a nuestros lectores qué es la Decodificación Biológica.
La Descodificación Biológica original, además de ser un acompañamiento terapéutico, es una forma de pensar sobre el origen de un síntoma. Se basa en creer que antes de la aparición del síntoma la persona ha vivido un conflicto biológico. Ésta es una situación inesperada, dramática, que no ha tenido solución y que no ha podido expresarse, ante la que reaccionamos de determinada manera a nivel psíquico, y esta forma de vivirlo es captada por nuestro sistema nervioso.

 

 

Hay muchos mitos sobre el amor. El primero, que el amor es ciego…
Es cierto. El amor no es ciego sino clarividente, porque ve lo bueno y lo malo del ser querido y lo sigue queriendo. En todo caso, el que no ve bien es el enamoramiento, porque en esa fase se distorsiona la percepción, aunque eso tampoco sería ser ciego sino bizco.

 

 

El segundo, que el amor es la gran excusa para no hacer cambios sobre nosotros mismos…
Más que una ‘‘excusa’’ es que desaparece la necesidad de cuestionarse, porque si amas y te sientes amado tienes una sensación de bienestar emocional que te sirve para creer que no necesitas nada más.

 

 

El enamoramiento es una dolencia…
El enamoramiento es un estado transitorio de euforia afectiva que se consolida en amor o se diluye en la nada. Lo que sí nos duele es la falta de amor y el amor neurótico. Por tanto, estar enamorado es un factor de riesgo que puede provocar sufrimiento cuando no evoluciona adecuadamente.

 

 

Que encontrar a la persona adecuada depende sólo de la suerte…
La suerte entendida como aquello que nos beneficia por cuestiones de azar tiene que ver poco con el buen funcionamiento de la pareja, aunque es cierto que ‘‘encontrar’’ una pareja adecuada es una suerte estadística, sobre todo en momentos como los actuales en el que el modelo de relaciones de género está atravesando una profunda crisis.

 

 

Los encuentros sentimentales más afortunados son aquéllos que no exigen ni el más mínimo esfuerzo de adaptación…
Toda convivencia requiere adaptación, pero la clave de una buena relación es poder estar con el otro sin dejar de ser tú mismo. Ahora bien, cuanto más maduro eres, mejor es tu capacidad de elección y gestión amorosa. Por eso digo que el arte de enamorar es el arte de mejorar, porque las personas no nos quieren por nuestra necesidad de ser queridos sino por el buen rollo que aportamos a la relación.

 

 

La gente nos valora por lo que somos, no importa cómo nos comportamos…
De hecho la valoración que nos hace queribles es cuando lo que somos, lo que decimos y lo que hacemos están en armonía y merecen la aprobación de las personas con las que nos relacionamos. Por eso no debemos fingir lo que no somos, sino en todo caso llegar a ser lo que queremos.

 

 

¿Qué opina de la frase: ‘‘Los hombres dan amor para recibir sexo y las mujeres dan sexo para recibir amor’’?
Es una simplificación del modelo de relaciones amorosas tradicional, aunque sería más preciso decir que ‘‘los hombres se dejan amar para obtener sexo’’. De todos modos ese modelo sexista está cambiando y las motivaciones amorosas de hombres y mujeres tienden a presentar variables más individuales.

 

 

¿En qué marco sociocultural pesan más las diferencias de género para crear parejas armonizadas?
Cuanto más tradicional es una persona más pesan sus convicciones a la hora de elegir pareja. Por eso, la ortodoxia social cultual o religiosa no es una buena consejera sentimental porque genera prejuicios con respecto a los requisitos que debe poseer un hombre o una mujer para ser un buen sujeto amoroso.

 

 

Usted propone la creación de un nuevo código de comunicación en que los humanos no seamos discriminados en función de la asignación sexual. Reclamaba eso mucho antes de las polémicas vigentes sobre el privilegio de lo masculino en el lenguaje…
Pues sí, como psicólogo humanista creo que sólo la condición común de personas y la madurez psicológica pueden contribuir a superar el sexismo. Desde hace treinta años, cuando publiqué El cambio psicológico, estoy trabajando para superar las dicotomías de género y posibilitar que en el ámbito de las relaciones amorosas se encuentre un equilibrio enriquecedor entre lo que nos asemeja (ser personas) y lo que nos diferencia (ser hombres y mujeres).

 

 

¿Qué es más destructor emocionalmente: la soledad involuntaria pura o la soledad acompañada?
Como estado permanente, la soledad involuntaria, porque significa que nadie te considera querible y eso tiene un efecto demoledor para la autoestima. En cambio, la soledad acompañada, tal como están las cosas en el mundo de la pareja, hace que sus componentes se cansen de la situación y rompan el vínculo, con lo cual quedan en condiciones de establecer nuevas relaciones.

 

 

¿Si alguien pudiera vender fuerza de voluntad se haría rico?
Por suerte, la fuerza de voluntad ni se compra ni se vende, sino que cada persona puede cultivarla en su interior. Además, cuanto más la utilizas más te queda, por eso lo que nos hace ricos no es venderla sino desarrollarla a través del diálogo interior y las conductas de autoafirmación.

 

 

¿Y mucho más rico si tuviera el antídoto contra el miedo al cambio?
De hecho más que miedo al cambio lo que las personas tienen es miedo a equivocarse en el cambio. Por eso en uno de mis aforismos para la superación personal digo que vivir es arriesgarse, caer y levantarse. Como decía mi abuela: el que algo quiere, algo le cuesta, y quien no se arriesga no pasa la mar.

 

 

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‘‘Cuando lo que somos, lo que decimos y lo que hacemos están en armonía, nos volvemos queribles’’

 

¿Y el más rico, el que vendiese autoestima?
Tanto la autoestima, como el miedo al cambio, como el ejercicio de la voluntad son temas recurrentes en todos mis libros y aunque hablar de ellos y ofrecer pautas para desarrollar los mecanismos psicológicos que nos ayudan a madurar ha sido enriquecedor para mí, nunca he sido rico. Creo que mi máximo beneficio no ha sido económico sino psicológico, puesto que he ganado algo de dinero haciendo lo que me gusta y eso es una importante fuente de felicidad.

 

 

¿Es la falta de autoestima el agujerito por donde se cuela el amor de los otros que no llega nunca a colmar?
La propia pregunta encierra la respuesta acertada. De esa cuestión hablo en El secreto de la autoestima y vengo a decir que es difícil que te quieran si no te quieres, pero también es difícil que te quieras si no te has sentido querido. Por eso es tan importante sentirse querido en la infancia, ya que los afectos infantiles son la base sobre la que se construye la autoestima del adulto.

 

 

Si lo malo conocido es aquello que nos intoxica y con lo que nos intoxicamos, ¿por qué frenamos siempre frente a lo bueno por conocer?
Por el miedo al cambio y porque no tenemos la certidumbre de que lo bueno será realmente mejor. En ese sentido tan malo es cambiar irreflexivamente como mantener una relación tóxica. Por eso todo cambio debería estar suficientemente motivado y a partir de ahí aceptar la posibilidad de error.

 

 

¿Podríamos decir que es usted un defensor del fracaso como paso necesario para el aprendizaje?
No es que defienda el fracaso, lo que defiendo es que cuando llegue lo aprovechemos para aprender. En la vida los buenos momentos son para disfrutarlos y los malos para aprender. Ahora bien, no por eso hay que creer que quien fracasa aprende porque se puede fracasar mucho sin aprender nada. Las personas no aprenden porque fracasan sino cuando sacan conclusiones positivas del fracaso vivido.

 

 

¿Una apreciación errónea de lo que somos y de lo que parecemos a los demás es lo que impide abrazar los errores para superarlos?
Pues sí, por eso es tan importante alcanzar la congruencia y evitar la simulación. No hay que subordinar el ser al parecer, sino aceptarnos como somos y a la vez trabajar para ser como deseamos.

 

 

Es muy interesante la crítica que hace al ‘‘instantismo’’ (perdón por la palabra), a esa reivindicación enfermiza y masiva del carpe diem o ‘‘vive el momento’’…
Por eso en El cambio psicológico enfatizo la importancia de vivir ‘‘en’’ presente y no ‘‘el’’ presente. Vivir en presente significa aprovechar las experiencias del pasado para vivir mejor el presente y proyectarse hacia el futuro. En cambio, quien solo vive el presente está desaprovechando el bagaje vital de las experiencias pasadas.

 

 

Frente a esta propuesta de consumo irreflexivo. la propuesta de madurar personalmente parece una condena a galeras…
Más que una condena a galeras espero que sea una oportunidad para que todos rememos voluntariamente hacia un futuro donde la felicidad dependa menos del consumo indiscriminado y esté más asociada al consumo selectivo. Las personas maduras consumen pero no son consumistas, porque saben que las cosas importantes no se compran con dinero.

 

 

Pero es que no hay otra, ¿no? ¿La madurez personal es la llave de la felicidad?
Cuando uno es joven puede ser feliz frívolamente cuando las cosas le van bien, pero a partir de cierta edad solo se puede ser feliz ganando cierto grado de madurez, porque, como decía Confucio, ‘‘solo puede ser feliz siempre el que sabe ser feliz con todo’’. Por eso, sin aprender a gestionar bien los malos momentos es imposible la felicidad.

 

 

Escribió un libro sobre ‘‘La Felicidad Personal’’. ¿Por qué deberíamos leerlo?
Porque es un referente útil para que las personas desarrollen estrategias adecuadas para facilitar que la felicidad dependa más de ellas mismas y menos de los demás.

 

 

Le felicito porque en sus escritos logra organizar, categorizar y comparar conceptos con gran acierto y calidad. Supongo que ya se lo han dicho antes…
Cierto, parece que ésa es una de mis virtudes. En mis libros intento hacer comprensibles cosas complejas para facilitar el conocimiento de los procesos psicológicos que determinan el comportamiento. Agradezco tus comentarios porque eso significa un reconocimiento a mi labor terapéutica y divulgativa.

 

 

Es importante destacar las muchas referencias que hace a amigos con los que conversa. ¿Qué es para usted la amistad?
Lord Byron decía que ‘‘la amistad es el amor pero sin sus alas’’. Eso es para mí la amistad, un sentimiento de aprecio, apoyo y solidaridad con otra persona que, sin ser amor sexual, ni parental, resulta igual de importante y enriquecedor.

 

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Y también hay bellas referencias literarias. ¿Puede un libro cambiar la vida de los lectores?
Para ser un buen escritor primero hay que ser un buen lector. Eso es lo que permite conocer y reconocer la creatividad ajena para convertirla después en el motor de la propia. Uno de mis aforismos preferidos es un principio de psicología dinámica que dice ‘‘nadie sabe tanto como todos juntos’’. Por eso, quien pretenda enseñar primero ha de saber aprender, y los libros son un conducto óptimo para enriquecernos con los conocimientos del autor, porque es donde concentra lo mejor de sí mismo. Por tanto, los buenos libros no solo pueden cambiar la vida de los lectores sino que con frecuencia también cambian la vida de sus autores.

 

 

¿Qué tres libros le han marcado?
Más que libros son autores. Como niño, Julio Verne. Como psicólogo, las obras completas de Freud. Y como escritor, Cervantes.

 

 

De los muchos libros que ha escrito, ¿de cuál se siente más orgulloso y por qué?
Aunque suene retórico, para el escritor cada libro es un hijo literario. En mi caso es cierto que yo los quiero a todos aunque no todos me han dado las mismas satisfacciones. Así que destacaré cuatro por distintos motivos: El cambio psicológico, por ser el primero. El arte de enamorar, por ser el más traducido. Sexo sabio, por ser el más vendido, y El secreto de la autoestima, por ser el más práctico. Por tanto, como terapeuta destacaría este último.

 

 

¿Es el mejor para empezar a disfrutar de la biblioteca Bolinches?
Depende de las necesidades de cada cual. Desde un punto de vista de su utilidad terapéutica, sí. Pero para quien no tiene ningún problema concreto y simplemente quiere reflexionar sobre su realidad, entonces recomendaría La felicidad personal.

 

 

¿Su pasión como escritor nació por una carencia de libros claros y sinceros sobre el amor o por una necesidad de compartir hallazgos personales de una vida como psicólogo?
Mi primer libro lo escribí precisamente porque no encontraba en el mercado una obra que explicara todo lo que yo quería decir a mis clientes. Por eso creo que en cierto modo El cambio psicológico es el embrión de toda mi obra posterior. Han pasado treinta años desde la primera edición y el libro se sigue reeditando. De hecho, se ha convertido en un clásico de autoayuda gracias a entidades como la vuestra que lo apoyan y difunden. Por eso os felicito por vuestra labor y os animo a seguir trabajando por el bienestar emocional.

 

 

 

 

 
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